Para los pescadores bonaerenses, hablar de «24 horas de la corvina negra» es sinónimo de Mundial, de Dakar… es aquel torneo que todos quieren participar y también, sueñan con ganar.


De ser parte de esa historia, de la míticas y legendaria propuesta que desde hace tantas temporadas realiza con destacada organización el Club Cazadores de Tres Arroyos y que seguro, desde aquel 20 de febrero de 1962 cuando se inició esta convocatoria, muy pocos soñaban con este presente. En el muy cercano 2019, del que nos separa una Pandemia y no mucho más, 4722 pescadores se dieron cita en las playas de Claromecó, Reta y Orense, dándole color a las bellas costas del partido de Tres Arroyos y rápidamente aparecieron las perlitas de cada concurso: Desde un choque entre dos camionetas en la playa, una persona que sufrió heridas en el Segundo Salto y Medio, luego de que un tiburón se diera vuelta y le mordiera la mano en instancias en la que intentaban sacarlo del mar, pasando por otro hombre que preparaba leña para el asado y se clavó una rama en el ojo y tuvo que ser asistido hasta una denuncia por amenazas calificadas, tras un incidente que se dio en la playa, más precisamente en el tercer salto, donde momentos previos al inicio del certamen, dos hombres discutieron por el lugar a ocupar y fue en esa circunstancia que uno se habría bajado de una camioneta Dodge RAM negra con un arma de fuego y le habría apuntado directamente expresando que ese lugar era suyo. Cientos de historias dan vida a este evento, cada campamento, cada grupo de amigos tuvo «su historia» al regreso a sus lugares de origen.
En materia deportiva, la madrugada iba a dar los frutos a los que le pusieron empeño, claro, con la suerte de su lado también. Primero, el cambio en la clasificación del torneo paralelo a la pieza mayor, donde había arrancado ganando el tandilense Cristian Peralta, casi desde los vestuarios, futbolísticamente hablando. 28 minutos después de iniciado el torneo metió un buen chucho de 13.400 kg que lo tuvo durante casi 10 horas con líder hasta que el tresarroyense José Rodríguez metió el que sería el ganador, el chucho de 17.860 kg, ambos en la zona conocida como «el campamento». Al amanecer, la estoica espera de Matías Filas dio sus frutos, con una corvina que acusó en la balanza 3,814 kg y que fue a parar a la cima del clasificador y no podría ser desbancada, ¡¡a pesar del susto cuando apareció la negra!! Si. una corvina negra tras muchos años, pero que no llegó al peso mínimo de 1.500 kg. Sólo 1.230 kg la pieza lograda por Raúl Peralta en el Caracolero allá por las 9 y pico de la mañana y que hizo temblar a Filas por un buen rato ahí arriba.
José Rodríguez, uno de los grandes animadores de todos los concursos pieza mayor contó tras ganar que estaba tirándole a la corvina cuando picó el chucho y lo paseó durante dos horas, pescando con nylon 0.23 mm. Estuvo pescando en la piedra, aunque en la noche fue al campamento de Ambrosius por pedido de su esposa, y ahí logró la pieza ganadora. Matías Filas, hijo del gran «Japo», también le apostó todo el día a la corvina, muy poco a la variada. Buscó su lugar mucho en los saltos, ante la mucha gente presente y encontró espacio en el 3 y 1/2, a 200 mts del cuarto salto. Allí acompañado de su hermano metió la ganadora. Ambos tresarroyenses, lograron algo que no se daba desde hace más de tres décadas, que ambos locales se llevaran los dos torneos.

Por Jorge Virgilio

Pescador y Comunicador de Pesca Deportiva. Tandilense. Conductor de Planeta Pesca en Radio Mitre Tandil. Colaborador Weekend. Fana de Santamarina y Boca.

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