Calurosa tarde de un 3 de febrero de 1995, una tarde común para cualquier pibe de mi edad, no para este narrador, ya que aquel día iban a dejar de lado las primeras salidas diurnas, para, por primera vez, acampar y pescar en la noche en un arroyo de la zona..
Ansiedad en los días previos, aquel sábado pasado el 1/2 día salimos de Tandil, rumbo a la Estancia «Los Tapiales», lugar donde pasaba el rendidor en aquellos tiempos, Aº Los Huesos, cercano al pueblo de Pablo Acosta, en el deslinde de los partidos de Azul y Tandil. Éramos de la partida el viejo «Cupecita», Andrés, Fabián, yo y «El Tío Negro», viajando en dos móviles, el Falcon celeste del viejo, y la 125 multicarga de Andrés.
La memoria me lleva al lugar, sitio muy entrado en mis sentimientos, y al que aún hoy suelo visitar, como rememorando aquellos inicios. Ese día, tenía un nivel bajo, recuerdo cruzarlo a upa, mientras al resto, el agua no le llegaba más que al borde de la bota Pampero. Del lado de enfrente, la costa era limpia y el pasto bien cortito.
Mientras Cupe, como siempre, juntaba leña, empezamos a sacar unas verdaderas alpargatas con la mojarreras, dientudos y sardinas realmente hermosas. Andrés algún bagre clavaba, con aquella caña que yo veía como si fuera algo inalcanzable, y no era más que un garrote gris de dos tramos. Mientras que Fabian, poca pesca intentaba. Estaba más ocupado en los varios cartones de vino blanco que en otra cosa…
Luego venia el momento de aprender la técnica de pescar con líneas de fondo. Y ahí desandamos con Papá largos metros tirando líneas, y la posterior revisada. Y un procedimiento especial era encarnar. Todo grabado en las retinas de aquel niño que era este narrador.
Al anochecer, mis primeros bagres nocturnos, pescando en la barranca junto al negro, con una vieja caña Colihue del viejo. El asado perfecto en las manos de Cupe. Y luego, mi primer susto…yo sentado en la barranca, junto al Tío. Andrés y Fabian viendo líneas en dirección a la ruta…y Cupe para el lado contrario, caminando hasta la loma del … como siempre. Y he aquí, de que se comienzan a sentir gritos de alguien en una situación poco decorosa, como ahogándose…regresan mi hermano y el poco derecho de Fabián, escuchando lo mismo…lo que me produjo flor de cagazo, y con mis 11 años me fui a dormir derechito a la carpa…intentando dormirme. Pasó un buen rato, hasta que al oír un ruido asomó la cabeza. Y ahí estaba con un tranco tranquilo, con ese cuerpo de mil pescas, mil batallas, mil dolores y mil anécdotas. Con la lata de lombrices, el tarro de los dientudos y la bolsa arpillera llena de bagres. Así llegaba el. Como siempre, sin percatarse de nada. Y dándome la tranquilidad para dormir. Aún hoy me quedó la duda de esos gritos. Y fueron el comienzo nomas. Ya nos daría varios sustos más Don Cupe como lo llaman ustedes…
Al amanecer, algunos dientudos más, y el traste al Falcon para pegar la vuelta, con la sonrisa de oreja a oreja después de mi debut veraniego. Otros tiempos donde ni por asomo imaginaba que se convertiría en una pasión como es hoy en mi la pesca deportiva…y que muchos años después también me acompañaría, con la lata de lombrices, el tarro de los dientudos y la bolsa de arpillera…el viejo.